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El Arte de la Seducción – Los Anti Seductores por Robert Greene

En el resumen del Arte de la seducción, los Anti-Seductores son lo contrario de los seductores afirma Rober Greene. En vez de ser atraídos hacia ellos por su atención concentrada e individualizada, como pasa en el caso de los seductores, los anti-seductores son inseguros e incapaces de otras personas. Literalmente repelen.

Los anti-seductores no tienen conciencia de sí mismos y jamás arreglan las cosas cuando fastidian. Carecen de la sutiliza para crear el augurio del placer que la seducción requiere. Robert Greene afirma que debemos erradica de nosotros los rasgos anti-seductores y reconocerlos en los demás.

Tratar con un anti seductor no es placentero ni provechoso.

Robert Greene

Los anti-seductores pueden adoptar muchas formas y clases pero casi todos compartes un atributo: El origen de su fuerza repelente es la inseguridad. Todos somos inseguros y sufrimos por ello. Pero podemos superar esa sensación con un compromiso seductor. Pero los anti-seductores, en cambio, son hasta tal punto inseguros que es imposible atraerlos al proceso de la seducción. Sus necesidades, sus ansiedades los cierran e interpretan hasta la menos ambigüedad de tu parte como un desaire a su ego. Ven el mero indicio de alejamiento como traición y es probable que se quejen amargamente de eso. Es sencillo, los anti-seductores repelen, así que son repelidos. Evítalos, afirma el autor.

Desafortunadamente a los anti-seductores no se les puede detectar como tales a primera vista. Son más sutiles. Y a menos que no tengas cuidado, te atraparan en una relación muy insatisfactoria.

Busca pistas de las inseguridades de los Anti-Seductores en el Arte de la seducción:

  • Son mezquinos o avaros.
  • Discuten con gran tenacidad o a lo mejor son híper críticos.
  • Colman de elogio inmerecidos y te declaran su amor antes de saber nada acerca de vos.
  • No presta atención a los detalles, como no pueden ver lo que te vuelve diferente, son incapaces de sorprenderte con una atención matizada.

Es crucial reconocer los rasgos anti-seductores no solo en los demás sino en nosotros mismos. En el carácter de casi todos, están latentes uno o dos de los rasgos del anti-seductor. Y en la medida que podamos erradicarlos conscientemente seremos más seductores. La falta de generosidad, por ejemplo, no necesariamente indica anti-seducción si es el único defecto de una persona. Pero una persona mezquina y avara rara vez es atractiva de verdad. La seducción implica abrirte a si sea solo para engañar. Ser incapaz de dar dinero significa ser incapaz en general. Lo mejor es poder deshacerse pronto de todos sus hábitos anti-seductores antes de que te hundas cada vez más profundo. Así que Robert señala la importancia de identificar las señales que los distinguen.

Estos son los principales tipos de Anti-seductores del Arte de la seducción

El arte de la seduccion los Anti-Seductores

El bruto:

Si la seducción es una especie de ceremonia o ritual, parte del placer es su duración. El tiempo que tarda, la espera que dura, intensifica la expectación. Los brutos no tienen paciencia para estas cosas. Les interesa su placer, no el tuyo. Demostrar que piensas en la otra persona es lo que nunca deja de impresionar. La impaciencia tiene el efecto opuesto. ¿Cómo se suponen que están tan interesados en la otra persona, que sin embargo, no pueden esperarla? Los brutos ofenden con su egoísmo. Bajo esta misma base suele haber también un corrosivo complejo de inferioridad. Así que si los desdeñas o los haces esperas reaccionan de forma desesperada. Si sospechas que tratas con un bruto hace la prueba de hacer esperar a esa persona, su reacción te dirá todo lo que necesitas saber.

El sofocador:

Los sofocadores se enamoran de vos antes incluso antes de que estés semiconscientes de su existencia. Esto generalmente sucede por el hecho de que padecen un vacío interior, un profundo pozo de necesidad que no se puede llenar. Jamás te enredes con sofocadores, es casi imposible librarte de ellos sin un trauma. Se acercan a vos hasta que te obligan a retirarte, tras de lo cual te asfixian con culpas. Tendemos a idealizar al ser amado pero el amor tarda en desarrollarse.

Reconoce a los sofocadores por lo rápido que te admiran. Tanta admiración podría dar un momentáneo impulso a tu ego pero en el fondo sentirás que esas intensas emociones no se relacionan en nada con algo que hayas hecho. Confía en tu intuición, una sub-variante al sofocador es el tapete. Una forma de identificar a este tipo de persona, afirma Greene, es viendo si es capaz de tener una idea propia. La imposibilidad de discrepar de vos es una mala señal.

El moralizador:

La seducción es un juego y debe practicarse con buen humor. En el amor y la seducción todo vale. La moral no cabe nunca en este marco. Pero el carácter del moralizador es rígido, se trata de personas que siguen reglas fijas e intentan hacer que todos se adapten a sus normas. Quieren que cambies, que seas mejor. Así que no cesan de criticarte y juzgarte. Lo cierto es que sus ideas morales se derivan de su infelicidad, y esas mismas ideas encubren el deseo de los moralistas de dominar a quienes los rodean. Su incapacidad para adaptarse y disfrutar les hace fáciles de reconocer su rigidez mental y puede ser acompañada de tensión física. Resulta difícil no tomar sus críticas como algo personal, así que es mejor evitar su presencia y sus venenosos comentarios.

El avaro:

La tacañería indica algo más que un problema con el dinero. Es una señal de algo en el carácter de una persona. Algo que le impide soltarse o correr riesgos. Este es el rasgo más anti-seductor de todos, y no te puedes permitir acceder a él. La mayoría de los avaros no se dan cuenta de que tienen un problema, creen que cuando le dan migajas a alguien son generosos. Examínate con atención, tal vez seas más tacaño de lo que piensas, intenta dar más tanto dinero como puedas y descubrirás el potencial de seducción de la generosidad selectiva. Claro que debes mantener tu generosidad bajo control, ser demasiado podría ser un signo de desesperación, de que quieres comprar a alguien.

El Farfullador:

Los farfulladores son personas cohibidas y su cohibición acentúa la tuya. Al principio podrías pensar que piensan en vos hasta el punto de volverse torpes, pero lo cierto es que solo piensan en ellos. Les preocupa su aspecto, o las consecuencias para ellos de su tentativa de seducirte. Su inquietud suele ser contagiosa, y pronto te preocuparas por vos mismo. Los farfulladores rara vez llegan a las últimas etapas de la seducción pero si lo hacen también lo echan a perder. En la seducción, el arma clave es la audacia, lo que priva de tiempo a la víctima para detenerse a pensar. Los farfulladores no tienen sentido de oportunidad. Podría parecerte divertido tratar de instruirlos o educarlos pero si siguen perfilando pasada cierta edad, es muy probable que su casa sea irremediable. Son incapaces de salir de sí mismos.

El locuaz:

La seducción más efectiva se lleva a cabo con miradas, acciones indirectas y señuelos físicos. Las palabras ocupan un lugar en la seducción pero demasiadas romperán, por lo general, el encanto. Estas agudizaran las diferencias superficiales. La gente  que habla mucho suele hablar de sí misma. Jamás adquirió esa voz interior que pregunta, ¿te estoy aburriendo? Ser locuaz es tener un egoísmo muy arraigado, nunca interrumpas ni discutas con personas de este tipo, eso solo estimulara su charlatanería. Aprende a toda costa a controlar tu lengua.

El reactor:

Los reactores son demasiados reactivos, no con vos sino a sí mismos. Examinan todas y cada una de tus palabras y actos buscando señales de desaires a su vanidad. Si retrocedes estratégicamente como a veces deberías hacerlo en la seducción (tal como tire-afloje de Mystery Método), cavilaran y arremeterán contra vos.  Son propensos a quejarse y gimotear, dos rasgos muy anti-seductores. Ponelos a prueba contando un chiste moderado a sus expensas, todos deberíamos poder reírnos un poco de nosotros mismos, pero el reactor es incapaz de hacerlo. Podrás adivinar cierto resentimiento en sus ojos. Elimina todos los rasgos reactivos de tu carácter. Repelen inconscientemente a la gente.

El Vulgar:

Los vulgares no ponen atención a los detalles tan importante en la seducción. Podes comprobar esto en su apariencia personal, su ropa es de mal gusto desde cualquier punto de vista. En sus actos ignoran que es mejor controlarse, no ceder a los propios impulsos. Los vulgares dicen todo en público, no tienen sentido de la oportunidad y rara vez están en armonía con tus gustos. La indiscreción es una señal segura de este tipo. Estos actos vulgares podrían parecer impulsivos pero su verdadera fuente es el egoísmo radical. Su incapacidad para verse como los demás los ven. Más que solo evitarlos conviértete en su contrario: una persona con tacto, estilo y atención a los detalles. Estos son todos ellos requisitos básicos de un seductor.

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