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¿Todas las mujeres son iguales?

¿Acaso son todas las mujeres histéricas? ¿A las mujeres no les gusta el sexo tanto como a los hombres? ¿Cuál es el verdadero problema? ¿El entorno, las mujeres o nosotros? Es frecuente escuchar decir que todas las mujeres son iguales, aludiendo a que actúan con mala intención, y no sólo algunas o la mayoría, sino TODAS. Y este juicio condena a miles de mujeres de igual manera cuando lo más probable es que quienes hacen estas declaraciones hayan conocido solo a unas pocas. 

“La locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados.”

Mi primera lección aprendida sobre seducción fue que quizás no eran ellas las que estaban equivocadas sino yo al momento de querer levantarlas. Y fue desde entonces que empecé a encarar el asunto de otra manera y obtener respuestas diferentes. Un error que solía repetir era darles mucho a las mujeres (esforzarme demasiado) sin que fuera recíproco. Creía que si demostraba que era bueno con ellas me iban a valorar más (pobre iluso). No demostraba más que una actitud pobre y muy necesitada. Y sin embargo yo las culpaba a ellas, ¿Cómo terminaban con hombres que no las valoraban como yo? ¿Por qué salían con tipos menos atractivos que yo?

todas las mujeres son iguales

Realmente creía que las mujeres estaban muy confundidas. Pero fue entonces cuando empecé a entender que yo estaba equivocado, lo cual me dio una gran ventaja. Si todo dependía de los demás no podía cambiar nada. Sin embargo ahora, podía hacer algo: cambiar mis actitudes y comportamientos; y así cambiaron sus respuestas. Dejé entonces de pensarme como una víctima de los abusos de las mujeres y de intentar seducirlas buscando su aprobación.


El primer paso: tomar responsabilidad

Por lo tanto, aprendí que yo soy responsable de todo lo que sucede en mi vida: si tengo éxito o no, cómo me siento o cómo me tratan. En vez de señalar o culpar a los demás, comencé a entender qué hacía mal y qué podía cambiar para que me vaya mejor.

Es común y normal que nuestras mentes creen racionalizaciones que justifican nuestras creencias y acciones. Así nos alejamos del dolor o del rechazo, para mantenernos inmunes y que sean los demás los culpables de nuestros problemas. Sin embargo con esta lógica nos vamos a rodear siempre de incompetentes, cuando en realidad el cambio lo tiene que partir de uno.

He trabajado con hombres que eran muy interesantes, educados o atractivos. Sin embargo, ellos estaban convencidos de que la razón por la que ninguna mujer se interesaba en ellos era por sus atributos físicos: que era porque eran pelados, o tenían brackets en los dientes, o eran demasiado bajos, etc. Eran tales sus complejos que no salían y no trataban de conocer nuevas mujeres. Las pocas veces que lo hacían, ellos se enfocaban en los pequeños gestos de las mujeres que indicaban que no eran lo suficientemente atractivos para ellas, incluso si realmente lo estaban.

¿El problema?

Ellos elegían esa métrica en sus vidas: Las mujeres solo se sentirán atraídas por la cabellera, dentadura perfecta o su gran altura, y por lo tanto, no podían hacer nada al respecto. Esta es una métrica horrible porque juzga o valora a las personas por sus apariencias.

Lo cierto es que algunos valores son mejores que otros. Por ejemplo, la confianza genera mejores relaciones que el poder. La honestidad crea mejores relaciones que exagerar o impresionar a otros. Y el respeto genera mejores relaciones que tener siempre la razón. Una persona que manipula para atraer a otros finalmente atraerá a otras personas que también manipulan. Por ejemplo, un hombre que cree ser rechazado por su altura, pudo haber elegido: «solo me interesan mujeres que me valoren por lo que soy». Pero él no eligió este valor. Y aunque él no se diera cuenta, era responsable de sus propios problemas.

La mayoría de las personas que se encuentran en el lugar de estos hombres eligen quejarse y victimarse en vez de asumir la responsabilidad: «¡No hay nada que pueda hacer! ¡Las mujeres son superficiales y nunca van a gustar de mí! ¡Todas las mujeres son iguales!” Sí, es culpa de todas y cada una de las mujeres no gustar de hombres superficiales y con valores más pobres que el del Peso Argentino.

Cuanto más aceptemos la responsabilidad en nuestras vidas, más poder ejerceremos sobre ella. Aceptar la responsabilidad de nuestros problemas es el primer paso para resolverlos.

Responsabilidad vs Culpa

El tema de la responsabilidad es que muchas personas creen que responsabilizarse de sus problemas los hace también culpables. La responsabilidad y la culpa muchas veces aparecen juntas pero no son lo mismo.

Si provocamos un incendio, aunque fuera accidental, somos culpables y probablemente legalmente responsables. Así es como funciona la culpa en nuestra sociedad.

Sin embargo, también surgen problemas de los que no tenemos la culpa, pero aún somos responsables. Por ejemplo, si caminamos por la vereda y vemos una persona en peligro… no sé, un niño parado en medio de la calle con el peligro de ser atropellado, no sería nuestra culpa pero ahora tenemos cierta responsabilidad de ayudarlo. Tendríamos que elegir qué hacer. Y sea lo que sea que elijamos, ayudarlo o ignorarlo, habría consecuencias asociadas con cualquiera de esas opciones. También seríamos responsables de esas consecuencias. Somos responsables de las experiencias que no siempre son nuestra culpa.

Otro ejemplo, si una persona llega tarde a un evento en un día de lluvia. Él puede excusarse que se demoró por la lluvia. La lluvia no es su culpa, pero si es su responsabilidad llegar a tiempo. Si cada vez que llueva va a llegar tarde entonces es una víctima porque no puede hacer nada para cambiarlo. La culpa forma parte del pasado, es el resultado de elecciones que ya hicimos. La responsabilidad es parte del presente, es consecuencia de esas elecciones tomadas.

¿Y por qué mucha gente elige ser víctima? ¿Cuál es el beneficio? Las personas suelen elegir ser víctimas para sentirse libres de la culpa.

Por lo tanto, una cosa es culpar alguien por una situación y otra es ser responsable de esa situación. Nadie más que nosotros mismos podemos ser responsables de una situación. Podemos culpar a otros por ser infelices, pero solo nosotros somos responsables de cómo nos sentimos. Esto es porque siempre podemos elegir como ver una situación y cómo reaccionar ante eso.

En uno de mis primeros capítulos de mi libro “Seducción Inteligente” había contado una historia de cuando tenía 20 años y conocí una chica por Internet que vivía a unos mil kilómetros de Buenos Aires en San Miguel de Tucumán.

Luego de seis meses de comunicarnos por email y por teléfono, decidí conocerla personalmente. Créanme, no lo habría hecho si no hubiese pensado que valía la pena y realmente me aseguré de que ella quisiera verme. Nunca antes había viajado solo a esa distancia. Lo veía como una gran aventura. Me gustaba presumir de la mujer con la que me iba a encontrar ya que nunca antes había estado con una chica que me gustase tanto.

¿Qué sucedió?

Cuando llego el gran día, me quede esperándola en la terminal de ómnibus como habíamos arreglado. Me encontraba parado en medio de la estación con mi gran valija, contemplando cada joven que pasaba a mi lado para reconocerla. Espere parado en el mismo lugar durante dos horas y ella nunca apareció.

Lo cierto es que yo podía culpar a ella por encontrarme solo en esa terminal pero elegí responsabilizarme por cómo me sentía y hacer algo al respecto. Asumí la responsabilidad de mis propias emociones. Y al hacer eso, elegí mejores valores tales como cuidarme y sentirme mejor conmigo mismo en vez de esperar que ella hiciera algo o culparla por lo que paso. Decidí aprovechar mi viaje y recorrer parte del norte Argentino y la verdad fue uno de los mejores viajes de mi vida, del cual, nunca hubiera tenido el valor de hacerlo sino fuera por esa situación.

Entonces si no todas las mujeres son iguales, ¿Por qué cada mujer con la que salimos es una loca?

Qué bueno que lo preguntes. Si cada persona con la que te involucras es una loca y te hace la vida imposible, debo decirte que tengo una mala noticia. Como una frase que leí de Mark Manson: «Lo único que todas tus ex parejas tienen en común sos vos». Así que empezaremos por ahí.

Algo muy común en las citas es que una persona reservada y callada (podría decirse “buenas personas”) atraigan a personas que manipulan y son explosivas. ¿Por qué sucede esto y a qué se debe que pase una y otra vez?

Esto sucede cuando una persona se siente incómoda expresando sus emociones y no es abierta en la intimidad. Esta incapacidad para expresarse de forma saludable reducirá considerablemente sus opciones en citas con aquellas personas que no saben mantener una relación íntima y saludable. Es ahí cuando se caerá en el mismo patrón de creer que todas las mujeres son iguales (u hombres).

Veamos algunos ejemplos de esto:

1. La inestabilidad emocional estimula las emociones reprimidas

Las personas que se sienten incómodas expresando sus emociones, las reprimen de las siguientes dos maneras:

• Pueden sentirse indiferentes hacia los demás

• Racionalizan los motivos para evitar involucrarse emocionalmente con otros

En algunos casos, hasta llegan a racionalizar que no necesitan estar conectados emocionalmente para salir con alguien. Y cuando alguien evita la intimidad, las únicas personas cuyas emociones son lo suficientemente fuertes como para adentrarse en ellos son aquellas que son emocionalmente inestables. Al reprimirse una persona se auto seleccionará para aquellos que se expresan en exceso. Estas personas “tímidas” o incomodas a expresarse tienden a engancharse particularmente con personas demasiado emocionales e inestables porque eso les permite experimentar sus propias emociones de forma indirecta a través del drama de estas personas.

2. La audacia contrarresta las inhibiciones

Si una persona no se siente cómoda demostrando interés romántico, es tímida o no tiene claro lo que quiere entonces está limitándose a los audaces que se le aproximen, en particular, aquellos que estén dispuestos a imponer sus propios deseos. En cierto sentido, es su debilidad la que invita y atrae a estas personas egoístas a su vida.

3. La adicción al drama hace que se sientan importantes

Lo cierto es que las personas emocionalmente reprimidas se ven envueltas en el drama. Estas personas con emociones fuertes e intensas están siempre en un estado de crisis. Siempre víctimas de las circunstancias y necesitados de ser salvados. Esto hace sentir a las personas “tímidas” importantes y útiles porque han pasado por la vida reprimiéndose y manteniendo sus relaciones de forma superficial.

Inevitablemente, la persona emocionalmente inestable encontrará la manera de crear problemas innecesarios. Siempre encontrará la manera de sabotear la paz. Porque su forma de sentirse importante es mediante el drama. Ambas personas buscan sentirse importantes pero mediante estrategias diferentes. Y es así como terminan en una relación súper emocional y dramática, de víctimas y salvadores. Una relación toxica que sobrevive con el drama pero indiscutiblemente terminara en algún momento.

Esto se debe a que la persona “tímida” sacrifica cada vez más su identidad por solucionar los problemas emocionales hasta perder la capacidad de elegir o pensar por sí misma. Esto destruye su atracción por demostrar poca personalidad y baja autoestima. En muchos casos esto termina en infidelidades.

Por lo tanto, ambas partes son responsables de sus comportamientos y culpables de como haya terminado la relación.

Asumir parte de la culpa

todas las mujeres son iguales

Otra postura distinta pero relacionada al tema es asumir parte de la culpa. Eso es lo que nos permite aprender de los errores. Si por ejemplo, nuestra pareja nos fue infiel o hubo amigos que nos traicionaron, deberíamos preguntarnos que hicimos mal. Esto no excusa el mal que nos hayan hecho, pero significa no ponernos en el papel de víctima.

En este ejemplo sería preguntarnos qué papel desempeñamos para permitir que la relación continuara durante tanto tiempo. Después de todo, las personas con valores similares se relacionan entre sí. Y si nos relacionamos con personas con valores tan pobres durante tanto tiempo, ¿Qué dice eso de nosotros? Si las personas en sus relaciones son deshonestas, egoístas y hacen cosas hirientes, es probable que nosotros también lo seamos y no nos demos cuenta. Es mirar en retrospectiva y ver que actitudes y comportamientos tuvimos nosotros también.

Entonces ¿Nuestros errores justifican los errores de los demás?

Definitivamente no. Pero asumir la responsabilidad de nuestros problemas, relaciones y adversidades nos ayuda a no cometer los mismos errores. Es asumir la responsabilidad de nuestras futuras relaciones y hacerlas mejores y más felices. Es de esta forma que las experiencias más dolorosas que experimentemos se vuelvan las más importantes e influyentes de nuestras vidas.

A todos nos gusta asumir la responsabilidad del éxito. Sin embargo, es cuando asumimos la responsabilidad de nuestros errores y fracasos cuando realmente aprendemos y crecemos. Culpar a los demás es simplemente lastimarnos a nosotros mismos.

¿Todas las mujeres son iguales? Conclusión:

No todas las mujeres son iguales

Es importante tomar conciencia de que cada uno es tratado como lo permite. Nuestros comportamientos y valores afectan a los comportamientos y valores de los demás con nosotros. Si las mujeres toman ventaja es porque dejamos que lo hagan. Si el jefe de la empresa nos maltrata es porque permitimos que lo haga.

La actitud que tomemos frente a otras personas va a generar una respuesta. Aquél que piensa que todas las mujeres son iguales o unas “perras frías”, debería mirar qué actitudes está teniendo para que ellas respondan de esa manera. Quienes dicen: “todas las mujeres son iguales” se ponen en una postura de víctimas para no tomar responsabilidad sobre su actitud frente a ellas. No es más que una manera de eludir la responsabilidad de sus propias faltas.

Esto no significa necesariamente que quienes acusan a las mujeres estén totalmente equivocados. Aun cuando fuese cierto que el 50% de las mujeres de una ciudad son inmaduras y malas, el problema empieza si decidimos enfocarnos en ese 50% de las mujeres y ponernos como victimas sin buscar otra alternativa. Estaríamos permitiendo que esas observaciones sean responsables de los resultados. No son más que formas de evitar la culpa y la responsabilidad de no estar satisfechos con un fracaso anunciado.

Si alguien cree que todas las mujeres son iguales o no puede encontrar una buena compañera debería hacer una introspección de sus errores. Juzga injustamente a millones de mujeres, ya que no está dispuesto a asumir la responsabilidad de sus fracasos. Y si alguien se siente identificado con este tipo de pensamiento o actitudes, le recomiendo que tome consciencia y piense en qué aspectos podría estar fallando, no solo con las mujeres sino en su vida en general. El mundo no está en tu contra.

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