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Evolución Humana: Una mirada hacia el pasado

Viajar en el tiempo es demasiado peligroso. Será mejor dedicarme al estudio del otro gran misterio del universo… las mujeres. ―Dr. Emmet Brown (Volver al Futuro III)

En su libro El Origen de las Especies, Darwin sostiene que los animales eligen a sus parejas sexuales guiándose por los valores de supervivencia y reproducción. Se cree que por cuestiones evolutivas, el hombre y la mujer desarrollaron diferentes mecanismos de atracción, de forma tal que pudieran perpetuar la especie de una manera eficiente. Esos mecanismos, que tardaron miles de años en desarrollarse, subsisten hoy en día, aún cuando nuestra forma de vida haya cambiado radicalmente.

Evolución Humana: Una mirada hacia el pasado

Es por eso que los hombres tienden a coincidir mucho cuando describen a una mujer atractiva: “Mujeres jóvenes, simétricas, con piel suave y con ciertas medidas de cadera y cintura”. La huella de la evolución de nuestra especie que proviene de una época en la que el sexo se asociaba exclusivamente con la reproducción. Los hombres pueden sentirse atraídos por una mujer con solo mirarla e “intuir biológicamente” sus posibilidades de reproducción.

 Las mujeres de la antigüedad se encontraban en una situación bien diferente. No tenían métodos anticonceptivos y para la elección de su compañero sexual, tenían en cuenta la posibilidad de un embarazo. Sabían que esos nueve meses iban a encontrarse muy vulnerables. La manera más eficaz para sobrevivir era eligiendo un hombre que la protegiera durante ese periodo. Por lo tanto buscaba en este hombre no sólo los genes para sus hijos, sino también a alguien que contara con los recursos necesarios para poder cuidarla en el momento de gestación.

Hoy en día existen diversos métodos para evitar el embarazo y las mujeres no necesariamente asocian el sexo con la reproducción, pero los mecanismos para seleccionar a sus compañeros siguen funcionando de un modo similar. Lo que las mujeres buscan en un hombre es por un lado la posición social (su jerarquía, poder, status, como es visto por los demás) y por otro lado son sus recursos (personalidad, inteligencia emocional, social, dinero, etc.).

Esto no significa que cualquier hombre rico va a ser exitoso con cualquier mujer. Trabajando como coach, conocí cientos de hombres con dinero que tenían problemas para conquistar mujeres. Por eso, cuando hablamos de posición social y recursos, no nos referimos a ser el presidente de una compañía, tener puestos de alto nivel o ser extremadamente ricos. Dada la evolución, la mujer percibe el status y el valor de un hombre principalmente en su comportamiento.

A pesar de que en los siguientes capítulos vamos a desarrollar en profundidad qué tipo de comportamiento resulta atractivo, puedo decirles que un hombre que demuestra tener el potencial para ser exitoso resulta tan atractivo como aquellos que efectivamente lo son. El hecho a considerar es que el potencial que un hombre transmite, va a ser medido por una mujer según sus propios valores y sistemas de creencias. Es decir que cada mujer mide el potencial de diferente manera (analizaremos este aspecto en los próximos capítulos).

Como mencionamos anteriormente, la elección de las mujeres, en la antigüedad, estaba asociada directamente a la supervivencia. Las mujeres también pueden sentirse atraídas instantáneamente, pero dada la historia evolutiva de nuestra especie, demoran más tiempo en decidir si vale la pena la “inversión”.

Unos de los mecanismos que puede acelerar esa decisión es lo que conocemos como Preselección. Si otra mujer ya calificó previamente a un hombre como una potencial pareja, las demás estarán mejor predispuestas a verlo como potencial pareja. Es muy común, por ejemplo, que cuando una mujer comienza a tener una relación con un hombre, éste se vuelva más atractivo a los ojos de sus amigas. O que los hombres comprometidos o, en una relación, resulten más atractivos.

Las huellas de la evolución también podrían explicar la sensación de ansiedad y temor al rechazo que sentimos al aproximarnos a una mujer atractiva. Los hombres de la antigüedad probablemente no estaban rodeados de tantas mujeres como hoy en día. El rechazo de una mujer podía provocar que la preselección jugara en su contra y las oportunidades de reproducción se redujeran notablemente. Por eso, muchos autores ven en este factor la causa fundamental del miedo al rechazo, también conocido como ansiedad a la aproximación.

Sin embargo hoy en día no nos vemos en un peligro real si una mujer nos rechaza, ni existe un riesgo real contra nuestra vida (al menos que su novio sea un gangster o su familia sea parte de la mafia). Podemos simplemente darnos vuelta y buscar otra. Pero nuestro circuito emocional no lo sabe y seguimos sintiendo lo que hace miles de años nos ayudó a perpetuar la especie.

Ahora piensen en ese momento en el cual vemos una mujer que nos atrae. Puede ocurrir en un bar o incluso en cualquier transporte público. En ese momento, tratamos de pensar rápidamente algo inteligente para decirle.Cualquier frase que se nos viene a la mente suele parecernos tonta y finalmente caemos en racionalizaciones sobre por qué no es un buen momento para ir a hablarle. Sentimos la ansiedad a la aproximación actuando con todo su poder.

 

Tres segundos

Una técnica muy eficiente para superar esa sensación y no caer en las racionalizaciones es utilizar la regla de los tres segundos que está presente en el libro Mystery Method. Es muy simple: si vemos a una chica que nos interesa debemos comenzar la conversación antes de que pasen tres segundos. De ese modo, evitamos que la ansiedad aparezca.

Hay una analogía muy interesante que compara la ansiedad a la aproximación con la sensación que tenemos antes de tirarnos en una pileta de agua fría. Cada vez que queremos saltar a una pileta en donde no estamos aclimatados se vuelve incómodo incluso el menor salpicón. Pero luego de saltar varias veces, comenzamos a aclimatarnos y a divertirnos. Lo mismo ocurre con la ansiedad a la aproximación. La primera mujer con la que hablamos en el bar (o donde sea) puede causarnos incomodidad o ansiedad, y quizás siempre sea así, pero una vez que entramos en el juego, se vuelve agradable y divertido. Por eso, si querés escribir tu propia historia, ¡salí y salpicáte!

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