Tirarse de paracaidas

Tirarse de paracaidas es fácil

Después de haber saltado en bungee jumping había reservado para el día siguiente Skydiving, otro de mis objetivos para hacer en Nueva Zelanda. Me pasaron a buscar por la mañana en una limusina hummer. Ahí conocí a un filipino, Jessie, Ingeniero que vivió toda su vida en Estados Unidos, Oregon. Me sentía relajado, después de la experiencia con el bungee imaginaba que esto iba a ser mucho más fácil. Jessie, por otra parte, tenía sus nervios en aumento. El procedimiento fue bastante rápido: Nos presentaron quien iba a saltar con nosotros, nos dieron los trajes, nos dijeron las instrucciones y pronto esperábamos para subimos al avión. Mi instructor, que era quién saltaba conmigo, se llamaba Ian. Me contó que trabajaba en el área hacia años y durante el verano podía llegar a hacer veinte saltos en un día. También se veía cansado, como si no hubiera dormido. 

Fue mi primera vez en subir en una avioneta, lo cual era bastante particular. Éramos unas 9 personas dentro de la cabina, con trajes y paracaídas puestos. El avión despegó, se sentía como si fuéramos una expedición de paracaidistas saltando en líneas enemigas, esperando la señal para lanzarnos. Comenzamos a ganar altura, así como también proporcionalmente, aumentaban los nervios de los saltábamos por primera vez. El frío comenzó a hacerse más fuerte, nuestro aliento se hacía visible. La vista era espectacular, no podía dejar de mirar por la ventanilla y al mismo tiempo pensar en que iba a saltar.

Ian me dio una mascarilla con oxígeno, todos la teníamos puesta. El show empezó cuando abrieron la escotilla, fue una extraña sensación ver una puerta abierta a 12000 pies de altura. El surrealismo estaba frente a nosotros, el primer valiente como sin más, salta al vació. Inmediatamente cerraron la escotilla. ¡FUCK! Pensaba mientras hice una respiración profunda, no puedo creer que vaya a saltar. La avioneta continúo avanzando sin seguir subiendo. Al cabo de un rato, nuevamente abrieron la escotilla y cuatro personas más se lanzaron. La situación me resultaba tan extraña, gente saltando del avión sólo por placer. Cerraron la escotilla y continuamos subiendo unos 3000 pies más, ahora iba a ser nuestro turno.

Realmente, después de haber hecho bungee esto resultaba mucho más fácil, pero no puedo negar que aún así sentía miedo. Creo que fue la primera vez donde me siento contento de tener a otro hombre a mi espalda… ¡Sujetándome! Y no, no me da vergüenza admitirlo. Jessie, salto primero. Nos comenzamos a acercar a la escotilla. Mi corazón se aceleraba. ¡Concha de la lora!, pensaba. Volví a respirar profundo. Pero no me arrepentía, quería hacer esto, quería estar ahí. Era sumamente excitante (y aclaro, no por Ian). Me encontraba ya sentado en la escotilla frente al vació. Era todo irreal. En lo único que estaba pensando era: Qué sensación iba a tener al saltar, hasta que… SALTAMOS!

Los primeros segundos costaba entender lo que estaba sucediendo. Es una sensación muy distinta al bungy jumping ya que no hay una noción de la distancia en la caída, chocar contra el suelo es un problema muy alejado en ese momento. Bajábamos a una velocidad de 200kl por ahora, el viento frío golpeaba mi cuerpo, así como mi cara. La vista se volvió fascinante, ya no era a través de una ventana, sino mas bien, una vista de halcón.

Es difícil describir lo que pensaba ya que eran múltiples las sensaciones. No paso más de un minuto cuando sorpresivamente me sentí tironeado hacia atrás cuando abrió el paracaídas. El viaje ahora se había vuelto algo suave y relajado. No bromeo cuando digo que el descenso en paracaídas fue lo más parecido que tuve a mis sueños en los que volaba por mi propia voluntad. Podía sentir la resistencia del aire en el paracaídas como si fuera parte de mi cuerpo. Pero pesé a todo esto, me generó gran placer volver a tener mis pies en el suelo… y seguir vivo…

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