La chica del bus

Historias de amor reales: La chica del bus

Nueva Zelanda, partía desde Nelson a Queenstown en bus para luego tomar mi vuelo a Bali, Denpasar. Se suponía que iba a ser un viaje de aproximadamente doce horas. Cuando subí al micro mi asiento estaba ubicado en la primera línea con una vista impecable de todo el frente. Siempre me gusto viajar al lado de la ventana, desafortunadamente me tocó en el pasillo, al lado de un hombre robusto, el cual tomaba parte de mi asiento. No es la mejor manera de empezar un viaje pero tampoco lo podía culpar.

Comenzó a subir toda la gente y cuando se encontraba casi lleno, una chica se sienta en el asiento a mi lado del otro lado del pasillo, un poco más adelantada, lo cual no me dejaba verla claramente. Se veía bonita pero no la llegaba a ver claramente por lo que no daba garantía a su atractivo. Sé que ella también me había notado porque cruzamos una mirada fugaz y probablemente tuviera la misma interrogativa.

El bus arranco y yo me dormí pasando las primeras horas en ese estado. A veces me despertaba vagamente por los pequeños movimientos o paradas del vehículo. También, a veces, observaba en secreto a esta chica. Solo alcanzando a ver el perfil de su rostro con pelo rubio, portando unos lentes. Aún no distinguía que tan atractiva era en realidad, una incógnita que empezaba a inquietarme.

Hicimos nuestra primera parada, podía bajar primero pero al estar el asiento de al lado un poco más adelantado, mire a la chica para cederle el paso. Ella giró su cabeza y clavó su mirada a la mía. Nuestra vista se ancló. Me encantó, ella me parecía realmente muy atractiva. Ambos manteníamos la mirada por unos instantes. Resultaba agradable. Nos observábamos directamente a la pupila del otro, como si viéramos el interior, desnudos… O quizás ese era sólo mi deseo. Alguien que estaba atrás cruzo impaciente, rompiendo ese momento de trance que teníamos. Ninguno de los dos dijo nada. Me levante y me dispuse a comer afuera unos sándwiches de pollo que me había preparado. Por alguna razón, creí que ella iba a aparecer y pararse a mi lado mágicamente. Pero no fue así.

Fui nuevamente al colectivo y ahí estaba ella. Me senté en mi asiento. Podía ver que desde su posición había podido observarme todo el tiempo, probablemente lo había hecho. Rompí el silencio preguntándole si era de Inglaterra. “No – me responde – Suiza. Vos? “.”Argentina” – contesto. La conversación continuó y me contó un poco de su historia alrededor de Australia.

Mientras hablábamos observaba y admiraba su rostro así como su cuerpo. Algo que siempre suelo prestar atención es en las cadera de la mujer, personalmente, las caderas determinan mucho su atractivo. Se dice que instintivamente el hombre se ve atraído por un cierto tipo de caderas porque hablan de una mujer más reproductiva. Incluso, hay cierta medida entre las caderas y la cintura que si se cumplen determinan una mujer más atractiva para la mayoría de los hombres. No tengo idea de cuáles son esas medidas, tampoco me importan. Como animal que soy y actuando instintivamente, sus caderas me atraían mucho.

Nuestra mirada era muy penetrante, ambos sabíamos que nos gustábamos. A veces caía el silencio y yo callaba para ver si ella reiniciaba la conversación, y así lo hacía. También comenzaba acariciar su cabello. Amo ver cuando hacen eso. Es como si te estuviera diciendo directamente: “Me gustas mucho” pero… sin realmente decirlo. La gente comenzó a subir al micro. La situación se volvió un poco más difícil ya que perdimos intimidad teniendo tanta gente alrededor. Pese a eso, ambos continuamos hablando durante un largo rato hasta que nos dormimos y a las pocas horas llegamos.

Fuimos en busca de los bolsos. Tomé el mío y me moví a un costado para esperarla. Ella tomó el suyo y vino hacia mí. “¿Qué vas a hacer ahora?” – Me preguntó. A veces tengo la sensación de que son ellas las que me están levantando, y eso me gusta. “Te iba a preguntar lo mismo”, le respondí, “¿Conoces algún hostel para recomendar?”

Me dio un par de nombres pero me dijo que ella no se iba a quedar en Queenstown ya que se iba inmediatamente a tomar el tren. Sentí algo de decepción, pero no había mucho que pudiera hacer contra eso. Hacía pequeños roces y toques entre nosotros, cosas simples como tocarnos las manos o los brazos.

Pensé en pedirle su contacto, pero ella lo hizo antes. Le di la mano y le dije que fue un gusto conocerla. Me preguntó cuando me iba de Queenstown y le respondí que al día siguiente. Fue ahí que ella sintió cierta decepción, la cual pude notar en su expresión. Supongo que tenía la idea de volver a la ciudad.

Ambos nos pusimos nuestras mochilas y soltamos un par de palabras hasta que nuevamente nos dijimos adiós. Volví a estirar mi mano pero ella, en vez de tomarla, me abrazo. Algo que no esperaba. Intente pasarle el brazo por su espalda pero con su mochila no alcance a lograrlo, por lo que apoye la palma de mi mano sobre su cintura acariciándola levemente.  Ella se separa lentamente de mí, sin cortar la mirada y sonriendo.

Había sido la noche anterior en la que el dueño del hostel en el que me había alojado organizó una fiesta. Yo hablaba con él y su hermano quienes me preguntaban sobre una chica con la que salia. Kai, uno de los dueños, me preguntó: ¿Qué es lo que siempre decís para levantarte una chica? Una pregunta que me hacen siempre, como si existiera una fórmula secreta del amor.

Yo le dije: “Hay dos cosas que hay que tener en cuenta. Ambos pusieron mucha atención”. Primero jamás vamos a levantar a todas las mujeres, a algunas simplemente no les gustamos y hay que aceptarlo. Ambos asentían con sus cabezas, como si hubiera dicho algo muy serio. Segundo – continué diciendo – no importa tanto lo que digamos sino cómo lo decimos, pero personalmente suelo empezar una conversación diciéndole: “Me gustas” (dependiendo el contexto).

Estaba a punto de explicar en qué consistían realmente mis palabras, cuando Kai, sin esperar un segundo da media vuelta y le dice las mismas palabras a la primera chica que pasa. Lo dijo de manera tan poco natural que era evidente su intensión. Estuve a punto de interrumpirlo diciéndole que no era de esa forma, cuando la chica respondió tímidamente hacía él. “¡¡¡Funciona!!!” – Dijo. Qué más da – Pensé yo.

Nuestras miradas continuaban penetrantes en la terminal de bus. “Me gustas”, le dije algo tímido pero sincero. A decir verdad, no me fue tan fácil decirlo, sentí cierto escalofrío recorriendo mi cuerpo al hacerlo. Ella se sonrío y rompió la mirada, observando hacia abajo tímidamente.

Extendí mi mano y ella la tomó. La acerque lentamente con mi brazo y me aproxime para besarla. Nuestros labios hicieron contacto generando unas sensación extraña en un primer momento pero emocionante. Éramos dos extraños en una estación de bus, besándonos.

Comenzamos a hacerlo despacio, conociendo los labios del otro. Tomé con mi mano su nuca y comencé a acariciarla. Ella apoyo su palma de la mano sobre mi barba, rozándola lentamente. Siempre me gustó que hagan eso. No pasaron más que unos segundos aunque el suceso aún sigue cuando escribo estas palabras, cuando dijo: “Espero verte nuevamente”, tras darme un ligero beso e irse rápidamente a tomar el tren.

Perplejo y parado con mi mochila viéndola irse. Yo también espero… pensé.

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